Masthead header

Un mes sin gritos

Buenos días pandilla. Después de mucho tiempo sin escribir, me apetecía celebrar con vosotros el mes sin gritos que acabo de cumplir. Así que estamos de celebración!!

Siiii, un mes sin gritos a mis hijos. Porque aquí donde me veis, con club de familia numerosa incluido, soy muy gritona. O era, porque llevo 4 semanitas sin gritar. 28 días. 672 horas. 40.320 minutos. 2.419,200 segundos. Y todo se lo debo a mi nuevo trabajo.

El cambio de trabajo ha sido un antes y un después. Es lo que tiene trabajar en un sitio donde los malos modos, los gritos y los desprecios están a la orden del día, que te lo llevas a tu casa y, sin quererlo, lo sueltas con los tuyos.

Las naranjas me han traído una paz difícil de explicar. Allí hay mucha calma, pero sobre todo respeto hacia los empleados. Creo que eso es fundamental para estar a gusto en un trabajo. También ayuda el entorno natural, no lo niego, y que la dirección de la empresa se dedique a trabajar y a mejorar las cosas, y no sólo a buscar culpables y cortar cabezas. Es otro nivel.

Lo del grito era para mi un problemón de los gordos. Yo no quería gritar, lo prometo, pero se me iba de las manos. Llegaba tan cansada, enfadada y estresada que mi forma de descargarme era gritar cuando los niños no me hacían caso. Pobres! Ellos se quedaban mirándome con esas caritas de buenos, preguntándose por qué mamá parecía un altavoz humano. Incluso a veces, Lola, me decía: mamá, venga, tranquila, que no es para tanto, cálmate. Y terminábamos riéndonos los 4, felices los 4. Pero el mal rato ya lo habíamos pasado…

Bueno, pues sólo quería compartir esta alegría con vosotros. Sólo por llegar a casa de buen humor y tratar a mis hijos con más dulzura y paciencia ya merece la pena el cambio, no os parece?

Disfrutad de la semana!!

 

27657511_1860026274048888_9026708810025276823_n

 

Facebook|Twitter|Pinterest

Tu email es nunca será publicado o compartido. Los campos señalados son obligatorios *

*

*